Quién lleva su caso
Lara Tur Varo, abogada de familia en Málaga
Lara Tur Varo, colegiada nº 10.587 del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga y socia del equipo de Torres y Tur Abogados, es especialista en derecho de familia y miembro de la AEAFA, la Asociación Española de Abogados de Familia, que reúne a los profesionales dedicados en exclusiva a esta materia. Cuenta además con el Curso Experto en Derecho de Familia del Grupo Tirant lo Blanch y mantiene una formación y actualización constantes: en familia, los criterios de los tribunales cambian y trabajar con los de hace cinco años se nota en la sala.
Dirige el área de familia del despacho: divorcios y separaciones, medidas paternofiliales, medidas económicas, liquidación del régimen económico matrimonial y división de la cosa común. También cuando no hubo matrimonio de por medio, donde la ruptura plantea exactamente los mismos problemas —los hijos, la vivienda, lo que se compró en común— por caminos procesales distintos.
Dentro de esa misma órbita lleva las herencias, que raramente llegan solas: aparecen cuando una familia se reorganiza, cuando falta quien la sostenía o cuando hay que repartir lo que nadie había hablado antes.
Destaca igualmente su trabajo en derecho penal, en la defensa del investigado y en el ejercicio de la acusación particular, y muy singularmente en violencia de género y violencia doméstica. No es casualidad: son procedimientos estrechamente vinculados a los de familia, donde lo penal y lo civil avanzan a la vez —la orden de protección y las medidas sobre los hijos se deciden casi en el mismo momento— y llevarlos de forma coordinada cambia el resultado. Es además una de nuestras referencias en derecho de empresa.
Su forma de trabajar parte de una idea: en familia, el resultado jurídico y el modo de llegar a él son inseparables. La primera consulta es larga porque hay que entender la situación completa antes de plantear nada, y de ahí sale una estrategia que se decide con la persona, no por ella. Cuando existe margen para el acuerdo, se busca, porque un convenio bien construido dura años. Cuando no lo hay, se va a juicio con la prueba preparada desde el primer día.
Y hay algo que no negocia: los hijos no son un instrumento. Además de estar mal, los jueces lo detectan y lo penalizan.
«Atiendo, cuido y acompaño desde el primer día. Después trazo la estrategia que encaja con sus circunstancias, le hago partícipe de cada paso y peleo por ella hasta el final: hasta que pueda empezar su vida de nuevo.»